Desnudé un verso en la noche, en aquella noche fría
por saber que me ocultaba, la bendita poesía
con ese sabor agridulce, esa mirada tardía,
que arrastrando va delirios de una tormenta vacía.
Me encontré desconcertado, anclado en su melodía,
entre mi pluma varado, casi muerto, amiga mía,
que agoniza lentamente, muy despacio, moriría…
enredado entre los brazos, lánguida muerte, osadía.
Dos cuartetos solitarios, yertos, sueltos, medicina,
otros tercetos quebrados de Mester de Juglaría,
casi perfectos, rimados, como la nieve vecina,
te sentaste justo, a mi lado, tu mano entre la mía,
que silencio tan callado, casi casi que lastima.
Y luego, torpe distancia de estúpida compañía















