La mar, oscura, bravía, hasta lasciva quizás
me subyuga de tal forma con su bronco suspirar
que no se si es que me llama con sus olas, con su sal
o tal vez con sus tesoros que no veremos jamás.
En las tardes de verano, quietud, espejo, oquedad,
arenas de finos oros, caracolas y demás
regalos que nos retornas de tus arrullos y más
enzarzados con recuerdos, recuerdos de libertad.
Mar, arrúllame en tus brazos, no me dejes de abrazar
si me faltan tus caricias me muero de soledad
me apagaré lentamente dejando así de brillar.
Sol, caliéntame en tus manos, no dejes de calentar
que me lanzas de tu cielo, me separas de tu lar;
seré pasto de las olas, me engullirá el propio Mar.