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miércoles, 18 de septiembre de 2013

TUPAC ( Segunda parte)

                                                    
Una escala de cuerdas surgió del de mayor envergadura para facilitar que el Capitán de este su ascensión a bordo. Convenientemente trincados el inconfundible sonido de las anclas lanzadas al agua  detuvieron la ya pausada marcha.
Con las troneras cerradas y sin apenas trapo, el tercer navío armado con doce cañones de gran calibre al mando de Francisco Barragán se acoplaba sin dificultad alguna a los otros dos. Tres botes con sus correspondientes tripulaciones se botaron a las tranquilas y transparentes aguas. Tupac, sentada en la popa  de la barcaza, disfrutaba del hermoso paisaje que de alguna manera recordaba al de su país.
Se estableció un improvisado campamento del que la tienda central  haría de sala de reuniones de donde saldrían decisiones de vital importancia. Una vez instalado el campamento, divididos en dos grupos dio comienzo la exploración la isla. La rica fauna, los sorprendió sobremanera, a tal punto, que podrían vivir sin  privaciones de ningún tipo. Los manantiales de agua, abundantes, multitud de conejos dejaban sus senderos trazados a través de innumerables caminos que terminaban en madrigueras horadadas en el blando terreno, colonias de cormoranes poblaban los altos riscos cubiertos de verde musgo. Al fondo de los barrancos, la quietud de la mar que mansamente acariciaba la dorada arena de playas totalmente vírgenes, el sol, en su cenit como un centinela mudo, se ocupaba de todo.
Tupac, refrescaba su cuerpo sumergida en las frías aguas para posteriormente ofrecerlo  a los rayos del Sol.
Un hallazgo inesperado los sorprendió; la leyenda contada por viejos marinos sobre las oquedades de las que tenían
 La leyenda contada por viejos marinos sobre las oquedades de las que tenían conocimiento en las islas, de leyenda de lobos de mar, se volvió realidad tangible.
 Ante sus incrédulos ojos surgieron las Furnas de Cies.
 Estas oquedades marinas, estaban compuestas por numerosas cuevas formadas por la acción del mar y en cuyo interior, se refugiaban todo tipo de seres vivos.
Estaban decoradas, así lo había establecido la madre naturaleza, por un sin fin de estalagmitas y estalactitas que caprichosamente colgaban de su techo o bien surgían de su suelo.
En gran parte eran perfectamente navegables al tratarse prácticamente de lagos interiores
En circunstancias normales, estos grandes tesoros, tendría que haberse dirigido siguiendo la conocida ruta de Indias al puerto de Sevilla como siempre se había hecho, pero en esta ocasión dado el acecho de la armada corsaria, era  más prudente acortar el trayecto buscando el abrigo de un puerto de refugio, Vigo, que a priori contada con unas buenas defensas costeras, el baluarte de el Castro, el castillo de Corbeiro y el de Domaio.
Era imprescindible reagrupar la flota para todos juntos acceder a la ensenada de San Simón, ya que toda vez que la flota estuviera a su abrigo, un fuerte cordón de cadenas la rodearía para así  impedir el acercamiento de los navíos enemigos.

Entretanto, los tres Capitanes, Vicente Alvarez, Rodrigo de Gaveal y Francisco Barragán, esperaban instrucciones referentes a la conveniencia de terminar su estadía en Vigo o continuar a Sevilla según era costumbre.
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