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viernes, 10 de julio de 2009

DULCE VENENO

Tus labios destilan besos de sabor tan especial
que no sabría decirte a que gusta tu besar
si a ambrosía de fresas, a niebla de temporal
quizás a miel de colmena, tal vez a agua de mar.

Dulce veneno que hechiza y lo hace sin matar
cuando regalas a veces ese tan rojo coral
de sueños de serpentinas de tu veneno vital
que alimenta como nada este mi pesado andar.

Quiero morir en tus brazos, solo eso, nada más,
consumido poco a poco en tu hoguera, en tu volcán
que me trasporta hasta el limbo de un placentero lugar.

Dame, amor, dulce veneno del que mata sin matar
para que sigan naciendo y brotando sin parar
las rimas que guardo dentro, que te quiero regalar.

TURISMO RURAL

Para comenzar a andar
me calzare tus zapatos,
las sandalias de cristal
que cubran tus pies tan blancos
para después ascender,
sin ambajes, con buen paso,
por tus tobillos de miel
haciendo en corvas descanso
del placentero trepar
atu sereno regazo.

Beber del agua, quizás,
manantial de sueño manso
que albergas bajo tu vientre
de bello aterciopelado
que a veces, algunas veces,
mised de amor ha calmado.

Luego tu blanca cintura
que como agua de Mayo
alberga el hueco infinito
de tu ombligo bien formado
dándome paso a tus pechos,
adornados, adornados
por aureolas de azúcar
de un color tan delicado
que se asemeja a la mar
oscura como el pecado.

Tu cuello de blanco mármol,
casi alabastro tallado
por coros de querubines
que del cielo desterrados
se esconden en tus oídos
que mis versos escuchando
hacen entornar tus ojos
cuando te estoy recitando.

Pelo negro, piel morena,
camino de estos mis pasos
que recorrerte quisieran
poco a poco, cada rato.

EL CAZADOR

Cuando canta el ruiseñor en la ventaba,
cuando trina con sus trinos el vencejo,
late alegre el corazón de un pobre viejo
que esperando esta impaciente llegue el alba.

Llega el alba que es de nuevo un nuevo día
sale el sol tras las montañas de mis valles,
canta alegre el arroyuelo de colores
vive ansias de perderse en lejanía.

Entornados los ojos el buen viejo
recuerda y pena otros mejores días
que de niño, por allí correteando,
anduviera tras las fieras fugitivas.

El viejo cazador está llorando;
llora y muere recordando viejos días
que almacena en el baúl de sus recuerdos
cual galardón obtenido a muerte o vida.

Si, el abuelo se ha tornado otra vez niño
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